Damas y caballeros, hace rato que aquí, en esta patria idolatrada, la paranoia se ha convertido en una religión y en una ideología. De derecha, por supuesto.
El otoño, dicen, es propicio para la reflexión. No está demás recordarnos que somos habitantes de este planeta, de este, y que el mundo no se termina en el umbral de nuestra casita tan enrejada. Jodido y jodedor eso de reducirnos a ser sólo habitantes digestivos.
Hay metidas de pata muuuy reveladoras. Se las disimula diciendo, con alevosía: “fue una frase desafortunada”. ¿Frase o pensamiento? Bienvenidas las “frases desafortunadas”. Paciencia, enseguida lo explicaré, a propósito del senador Sanz.
Parece mentira, pero es cierto: de pronto, resulta que la totalidad de los argentinos tuvimos varias horas de felicidad. Y simultáneamente.
Las aguas bajaron turbias y trágicas, arrancaron vidas. Esta vez no le pasó a los otros; nos pasó aquí, en la ciudad de los Buenos Aires y en La Plata, la capital de la provincia habitada por más del 40 por ciento del país.
Luis Politti este 8 de abril cumplió 80 años de su edad. Hay que decirlo: su Mendoza empezó a considerarlo después de su muerte, en el desolado exilio. Para entonces Politti ya era reconocido como un gran actor argentino y de la América latina y del habla castellana.
El 2 de abril de 1982 fue hace 31 años, y sigue pidiendo reflexión. Retomo conceptos tejidos en esta columna a lo largo de una década. No soy reiterativo, reiterativa es la desmemoria.
La Semana Santa es propicia para reflexionar sobre el amor y el odio, mejor dicho: sobre el odio que anida en tantos que enarbolan las banderas del amor y del olvido, con la linda coartada de la reconciliación.
Vamos cumpliendo años: ¿crecemos? Este domingo nos llega otro aniversario del 24 de marzo de 1976: 37 años de un golpe a la Constitución que arrojó a nuestra sociedad al último subsuelo de la escala humana.
Permiso, quiero hablar sobre un actor único. Ya sé que todos somos únicos. Pero hay ciertos únicos que son más únicos. Lo son hasta por el zurcido de las costuras de sus seis costados. Esos únicos no rompen bolsa, al nacer rompen molde. Inapresables, impredecibles, no hay adjetivos que los contengan. Estos únicos son uniquísimos.
Pregunta para ir poniendo en remojo: el sol, ¿tiene un olor particular? ¿a qué huele el sol? La semana pasada tenía pensado escribir sobre la vendimia, ya que estamos en tiempos de celebración.
A la palabra “mierda”, como calificativo, la usamos mal. Porque la “mierda” en sí misma no es algo malo, es una consecuencia natural tan inevitable como imprescindible. Ella, la palabra “mierda” no tiene la culpa que la condenemos a un uso para el que no nació.
Pongamos un par de preguntas en remojo: Una: ¿Hasta qué punto, al capitalismo consumista del Primer Mundo, le importa la mentada ecología? Dos: el admirado y “envidiado” Pepe Mujica, suponiendo que fuera argentino, con semejante pasado guerrillero, aquí, en esta patria que lo “envidia” tanto, ¿hubiera llegado a ser presidente del país?
Pongamos un par de preguntas en remojo: Una: ¿Hasta qué punto, al capitalismo consumista del Primer Mundo, le importa la mentada ecología? Dos: el admirado y “envidiado” Pepe Mujica, suponiendo que fuera argentino, con semejante pasado guerrillero, aquí, en esta patria que lo “envidia” tanto, ¿hubiera llegado a ser presidente del país?
Pronto, una botella de vino oscuro, porque vamos a brindar. El 11 de febrero de 1963 cayó en lunes.
Cuando miramos la punta del dedo y no lo que el dedo señala, evidenciamos nuestro apego a la distracción. Pero a veces, más que de distracción, se trata de una miserabilidad propia de humanos moralmente malparidos.
Este lunes 21 de enero del 2013, después de Cristo, Barack Obama juró para ejercer segundo mandato. A propósito de su discurso dialogaban con gracia tres mujeres en un café de San Telmo, de Buenos Aires. Unos 35, 40 y 50 años de edad, palabras más palabras menos, las señoras reflexionaban esto:
El uso que han hecho los pulpos medios de descomunicación del “caso Darín” nos recuerda al uso que hicieron del “caso Vargas Llosa”. Uso tramposo y repugnante y alevoso y rastrero. Se me dirá: demasiada insultación y ningún argumento, de mi parte. Voy a fundamentar lo que considero no es insulto, sino descripción.
Sucede el domingo 6 de enero del 2013, decido escribir mi columna del viernes 11 sin esperar al jueves. El ser humano, presidente Hugo Chávez, está vivo. Pese a que muchos “buenos” le desean la muerte.
Entre el Papá Noel yanqui y los Reyes Magos nativos, me quedo con la magia de los Reyes Magos. El hecho de que uno de los reyes sea morocho y de ojos no celestes, les añade puntaje. A propósito: hay una milenaria discusión: algunos sostienen que “los Reyes existen” y otros sostienen que no, que “son los padres”.
Nos decimos que al mundo hay que cambiarlo. Tiempo de decirnos que al mundo hay que hacerlo: hacerlo cada día con su cada noche.
A propósito de ese espíritu navideño que por estos días nos pone momentáneamente buenitos, propongo algunas reflexiones.
Esta semana nos trajo otro cumpleaños de nuestra democracia. ¡29 años! Retomo palabras que reflexioné cuando sus 20 y 25 años.
Cuando escribo esta columna sobre celebradores argentinos de buitres, falta aun una semana para 7D. Pronto ya me asoman las arcadas. Me sobrepondré a la urgencia del vómito.
Empecé a escribir esta columna el lunes 26 de noviembre, así, en caliente, empujado por el primer estupor. Antes de las 24 horas, ya en el 27 de noviembre, el sujeto protagonista, el grupo de tareas periodísticas Clarín, declaraba que no había dicho lo que dijo. Colmo adentro de otro colmo.
Seguro que hay buenas noticias, y muchas más de las que nos parecen. Esta semana dos actores argentinos, Darío Grandinetti y Cristina Banegas, ganaron los Premios Emmy Internacionales, y los recibieron en Nueva York. Flor de motivo para que nos celebremos.
Propongo un ejercicio de memoria para comprobar hasta qué punto el promedio de nuestra sociedad es jodidamente racista.
Estamos a 20 años de su supuesta muerte. Por eso, casi todos los días de este mes de noviembre del 2012 y parte de diciembre estarán sembrados por la evocación de la poesía semillada por el Tejada Gómez nuestro. Eso sucederá en Mendoza y en Buenos Aires y en todo el país. Y más allá también.
Me niego a los epitafios; es más, me cago en los epitafios.
Estos días, por aire, mail y tierra, recibo correos para que me sume al cacerolazo “patrio” del 8 de noviembre. Uno de los tópicos de esos textos furiosos es el odio.
No sólo estoy de acuerdo con que los jóvenes voten a partir de los 16 años. También creo que podrían hacerlo, como ejercicio cívico (sin que valga la cifra para el escrutinio real, a partir de los 12.)
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