Lorenzo Sartori · Por Lorenzo Sartori

Sin privacidad

Diario Jornada | Jueves, 11 de Octubre de 2012 : 08:21

Hoy ya nadie puede gozar plenamente de su intimidad. Los departamentos modernos son un grave impedimento para poder aislarte.

Hoy, en las grandes ciudades, la falta de espacio obliga a construir departamentos más reducidos, donde hasta lo esencial llega a ser superfluo por falta de espacio. La gente tiene que acostumbrarse a esas estrecheces si es el precio que hay que pagar para estar cerca de todo… aunque a veces demasiado cerca.

Ya no es lo mismo que antes cuando las casas eran cómodas, con amplios patios, donde vivía un árbol genealógico entero y se podía tener una docena de hijos y otro número igual de perros sin afectar la natural convivencia.

Antes los niños tenían donde jugar en esos caserones con fondo, jardín y la puerta siempre abierta, escenario perfecto para patinar, jugar a la escondida, la rayuela, el quemado.

Casas con grandes patios donde podían jugar a la pelota, andar en bicicleta y dar rienda suelta a la natural inclinación por la tierra y al barro, a tal punto que podrían haber hecho dudar a Darwin si el hombre desciende del chancho y no del mono.

Habitaciones amplias, cielorrasos remotos, puertas y ventanas en todos lados… pero curiosamente con un solo baño, amplio también, pero remoto, y todo un desafío hasta para los más valientes a la hora de bañarse en invierno.

Era, sin duda, una época diferente. ¿Cuántas madres descubrían después de lavar a uno de los nenes que ese no hijo suyo, sino del vecino?

Los tiempos han cambiado mucho. Hoy, con siete mil millones de habitantes desparramados por todo el planeta, la tendencia es a reducirlo todo, comenzando por el lugar donde se vive, y en consecuencia todo lo demás.

Qué familia quiere tener más de dos hijos –y en esto somos generosos, ya hay quien se conforma con uno y últimamente hay mujeres que, trabajando fuera de la casa, hasta prefieren no tener ninguno. Pero este tema merece un análisis aparte.

Por lo pronto, ya nada es igual… ni los perros, que para poder mantenerlos en un departamentito moderno tuvieron que reducirlos a tal punto que ahora hasta caben en la cartera de las mujeres.

Hoy hay que pensarlo bien antes de mudarse a un departamento moderno. Si bien el edificio es de cemento como siempre, las divisiones internas suenan más a cartón que a ladrillo. No somos especialistas, pero no es lo mismo el “plac plac” con que sonaban antes con el “tloc tloc” de ahora. Además, ¿cómo se explica por ejemplo que cuando pintan la pared del vecino se pasa el color a mi departamento?

Y así funcionan: se ha perdido la intimidad, el libre albedrío, lo que a menudo nos lleva a cavilar sobre “la rígida concepción mecanicista newtoniana dentro de un juego continuo de fuerzas que se modifican, cambian, de acuerdo al empuje evolutivo y a la capacidad de acción de toda entidad consciente, y por lo tanto es imperativo reconocer el valor significativo del ser humano por su condición de entidad pensante, autoconsciente y creadora, y por ser copartícipe del juego de la vida como ente responsable de sí mismo, de su destino y de su mundo”, y un montón de cosas que hemos leído por ahí y que no conducen a ninguna solución a los problemas que se nos presentan cotidianamente. Rogamos por lo tanto obviar lo encomillado y vamos a los ejemplos prácticos.

Nos ha tocado por desgracia una vecina en la que se conjugan sus pretensiones de madrugadora con un despertador electrónico. Pone el aparato para que la despierte a las 6 de la mañana. Cuando suena, lo apaga. Al rato, vuelve a sonar y lo vuelve a apagar. Y así sucesivamente hasta que me levanto yo, tipo 8.30. Ella sigue muy cómodamente en cama, arrullada por las ya afónicas advertencias del despertador, que sigue sonando más tarde. Cuando desayuné me vestí y salí hacia el trabajo.

Pero eso no es todo: ¿usted cree que puedo ver mi canal preferido en la televisión? ¡NO! Tengo que ver lo que ella quiere porque de lo contrario se mezcla el sonido y termino viendo a sor Angélica con la voz de Tinelli.

Todo esto ya no es convivencia como vecinos. Ya es mucho lo que compartimos, es más, creo que en la noche al dormir soñamos lo mismo. Es más, si me cruzo alguna vez con ella ni la saludo. ¿Acaso no hemos dormido juntos?

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