La ganadería consume demasiada agua, por lo que no es descabellado imaginar un futuro sin carne y todo el mundo convertido en vegetariano. ¿Adiós al churrasco?
Un alto porcentaje de vacunos ha recibido con beneplácito la noticia: la población mundial entera va a tener que dejar de consumir carne y volverse vegetariana dentro de cuarenta años. ¿Por qué? Porque no habrá suficiente agua para regar cultivos y a la vez dar de beber al ganado.
Por lo tanto y para poder alimentar a los 9 mil millones de personas que habitarán el planeta para el 2050, tendremos que comer solo 5% de proteína animal, según investigadores del Instituto Internacional de Agua de Estocolmo, y de esa manera compensar el déficit de agua que se calcula para ese año.
Por mi parte, pienso que intentar vaticinar esta situación en 40 años es muy complicado, pero la intención no es darnos una profecía, sino lo que los números proyectan y la lógica del análisis dicta.
Pero el panorama ya comienza a mostrar señales significativas. ¿Quién podía imaginar que ahora McDonald’s está comenzando a abrir locales vegetarianos? Es real, pero tan difícil de asumir como si nos dijeran que el Papa se sumó a las filas de Al Qaeda.
¿Y qué haremos nosotros, los argentinos, en gran mayoría carnívoros? Creo que nunca se nos va a subir la clorofila a la cabeza.
No sabemos con certeza si en el futuro sobrevivirán otros animales “asables”, por aquel refrán según el cual “todo bicho que camina…” Pero con este ganado parece que habremos perdido.
Alrededor de la vaca se tejió, y se sigue tejiendo, una buena porción de la historia política argentina. Es más, cuando en la escuela, ya desde la época de las maestras sarmientinas, les piden a los niños escribir una composición, si no hay un tema específico ¿que eligen los alumnos?
¡La vaca!
La visión de la media res colgada de la ganchera de la carnicería ha sido parte del imaginario cotidiano en esta parte del mundo.
Es innegable que el asado se ha transformado en una cita que es sinónimo de argentinidad, como el mate, las empanadas y el fútbol. ¿Podríamos imaginar a una familia argentina reunida alrededor de la mesa un domingo cualquiera frente a un plato con coliflores?
En eso nos parecemos a los habitantes de la India, ya que tanto para ellos como para nosotros la vaca es sagrada. Para el hinduismo, el cuerpo de la vaca es el hogar de todos los dioses (alrededor de unos 330 millones de dioses y diosas).
Tal vez los hindúes exageran un poco. Para nosotros en la vaca hay menos divinidades, pero que justifican plenamente su calificación de sagradas: tira de asado, vacío, lomo, matambre, tapa de asado, colita de cuadril, bola de lomo, mollejas y unas cuantas delicias más...
Es que aquí, por una razón o por otra, a todo el mundo lo subyugan las vacas. Hasta López Rega, ese prócer de la época isabelina, piadoso y gran humanista, en su amor al prójimo no dejó de lado ni a los bovinos cuando preguntaba: “¿No has visto los ojos tristes de una vaca?”.
Como dijo un famoso compatriota asadólogo: “Dentro de la cultura gastronómica argentina, junto con el mate y las empanadas, no podemos negar que el asado ocupa un lugar central”.
Por eso queremos continuar con la vaca atada, queremos seguir tirando manteca al techo y que ninguno venga con mala leche a decirnos que olvidemos la carne.
Pero no desesperemos. El biólogo alemán Mark Post ha logrado cultivar lo que se denominaría la primera muestra de tejido muscular sintético… es decir, carne.
El cultivo de células musculares en condiciones óptimas para su crecimiento a partir de células madre, abre un nuevo campo de aplicaciones de este tipo de producto, así como las reacciones sociales que impliquen esta nueva visión de alimentación proteica en el futuro, especialmente en un mundo con cada vez mayor población y, por lo tanto, con más necesidad de alimentos.
Por el momento solo se han logrado obtener tiras de carne de 2 milímetros de largo en laboratorio. Para hacer una buena parrillada no es mucha cantidad, hay que admitirlo. Pero todavía falta un tiempo para el 2050. Y ¿quién sabe? Hasta puede que logremos fabricar costillitas sintéticas.
Pero todo eso es futuro. Conseguir hoy una hamburguesa de laboratorio valdría un millón de dólares, estiman los expertos. Así ¿quién podría comer con seis pesos diarios?
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