Los humanos somos una suerte de cáncer del planeta Tierra, que respira y vive sobre sus propios desechos y que va camino a su propia destrucción.
“Los seres humanos dependemos de la biodiversidad; su degradación nos acabará por dañar irremediablemente”, señala el sociólogo Franz Broswimmer, quien define así la categoría que da título a uno de sus ensayos, “Ecocidio”: el conjunto de acciones realizadas con la finalidad de perturbar o destruir, total o parcialmente, un ecosistema humano.
“Ecocidio” cuenta magistralmente la historia nada armoniosa de la humanidad y la naturaleza, y ofrece una visión poco complaciente de los devastadores efectos de las actividades humanas sobre nuestro planeta.
Y es así: los humanos somos la única especie que conspira contra sí misma y que atenta contra su supervivencia. Ninguna otra especie animal lo hace.
El ser humano es, por definición, una plaga. ¿No lo sabe o es temerariamente optimista?
Porque somos nosotros mismos los únicos culpables de la destrucción de nuestro hogar, de las demás especies que lo habitan y de nuestra propia estirpe; además de las causas y consecuencias, incluyendo los posibles escenarios de esta espiral ascendente sin control. Si continuamos con este mismo desinterés y desinformación con respecto a temas que nos afectan a todos, la única herencia que les dejaremos a nuestros nietos, o posiblemente a nuestros hijos, es un lugar llano y estéril, donde nadie sabrá qué especies hubo, cómo vivieron o, siquiera, si es que alguna vez hubo vida.
Sirva de agravante que la función de pensar es para nosotros solo una herramienta para satisfacer necesidades o pseudo-necesidades personales. El resto es mucho trabajo y se lo dejamos a los jefes de la manada.
Confiamos nuestro destino a líderes humanos que solo buscan la dominación y parasitación sobre el resto con el objeto de obtener egoístas fines, de proveerse para sí mismos un bienestar y una seguridad desmesurados.
Su voracidad se relaciona más bien con el desequilibrio psíquico y la pérdida total de la capacidad para medir su verdadera necesidad, y para estimar los recursos para cubrir esa necesidad.
El hombre va camino de envenenar toda la Tierra sin dejar ningún posible refugio para una reserva de vida y salud. La degradación del medio ambiente se ha convertido en uno de los fenómenos esenciales de nuestra civilización. La humanidad se autodestruye.
Al respecto Broswimmer incluye, entre otros ejemplos, el uso de armas de destrucción masiva (nucleares, químicas o bacteriológicas); el intento de provocar desastres naturales, calentamiento global y contaminación; la utilización militar de defoliantes; el uso de bombas para alterar la calidad de los suelos o aumentar el riesgo de enfermedades, o la expulsión a gran escala, por la fuerza y de forma permanente, de seres humanos o animales de su lugar natural.
La noción describe los destructores modelos productivos contemporáneos que conllevan la degradación ambiental global hasta límites impensables hace pocas décadas (“solo en los últimos 50 años, las acciones humanas han introducido en la diversidad de vida del planeta cambios mayores que los ocurridos en cualquier otra época de la historia”), y la extinción en masa de las especies. La situación no parece que vaya a corregirse fácilmente.
Los países del Sur tienen la mayoría de las especies, y los países industrializados, después de disminuir netamente su riqueza ambiental por un desarrollismo desenfrenado, efecto necesario, se dice, de una supuesta modernidad, buscan ahora formas de explotar la diversidad aún no alterada de los demás territorios. El asunto no es intrascendente. Como argumenta Broswimmer, los seres humanos dependemos de la biodiversidad; su degradación nos acabará por dañar irremediablemente. A escala planetaria, el 40% de las recetas médicas que se prescriben proceden de diversas especies o se sintetizan a partir de ellas.
Estamos construyendo un mundo global caracterizado no por un progreso real sino por el real retroceso en las normas de civilidad y en los principios que rigen las interacciones entre la naturaleza y la sociedad. Un mundo en que la libertad real de los ciudadanos para elegir qué tipo de vida quieren seguir, qué tipo de alimento quieren cultivar, qué tipo de alimentación desean seguir, no cuenta nada, absolutamente nada, frente al poder de las grandes corporaciones.
Deporte · Oro y Bronce para Germán Lauro en Brasil
Actualidad · Falleció a los 93 años el actor Guillermo Rico
Deporte · Gran victoria de Emiliano López en el TC Pista
Deporte · Nadal destruyó a Federer en la final de Roma
Economía · Vence el plazo para la recategorización del Monotributo
Internacional · Rebelde sirio le arrancó el corazón a un soldado y se lo comió
Internacional · Descubren a un cura español teniendo sexo al aire libre
Mendoza · Pérez inauguró la Feria de Ciencia y Tecnología más grande del interior del país
Mendoza · Mendoza es sede de la exposición más convocante de la región
Actualidad · Mirá el video de Deprepornis que hace furor en la web