El viaje del Curiosity a Marte, considerado como un hito monumental para la ciencia y la tecnología, abre a su vez preocupaciones e interrogantes.
Desde que la humanidad comenzó a vivir las experiencias de los viajes espaciales, una gran gama de sentimientos se despertó en la gente: admiración, alegría, temor, expectativas, frustraciones, sueños, decepciones, espíritu altamente optimista por un lado y muy pesimista por otro.
En cada acontecimiento ligado a la exploración espacial, los mismos sentimientos se han repetido una y otra vez en nuestro mundo. Para algunos, los viajes al espacio son la muestra indiscutible de las maravillas que es capaz de lograr la especie humana, siempre motivada por una insaciable curiosidad y el afán inagotable de querer hallar respuestas a los cuestionamientos y misterios más profundos. Para otros, todo ello es simplemente una clara manifestación del egocentrismo y fatuidad humanos, de pretender “insolentemente” descubrir los secretos “divinos” y producir gastos para algo que según ese enfoque, no serviría casi para nada. Y una reflexión recurrente en quienes así piensan es ésta: ¿para qué malgastar ingentes cantidades de dinero en el espacio – sólo esta excursión ha costado 2.500 millones de dólares- cuando hay tantas cosas por resolver aquí en la Tierra?
Vista la euforia que ha generado en muchos esta misión, pareciera que hemos descubierto juntas las vacunas contra el cáncer, el SIDA y las enfermedades cardiovasculares: que hemos reducido a cero el hambre por la que atraviesan 3.500 millones de personas en el mundo en la actualidad (nada más ni nada menos que la mitad de la población del planeta).
Pero no. Sólo hemos posado un costoso aparatito en Marte, un verdadero milagro técnico considerado “la más compleja operación robótica en la historia de la exploración espacial”, según la NASA.
Es un gasto excesivo? En cifras no lo es si lo comparamos con los desembolsos militares de EEUU –Irak, Afganistán, etc., que superan en muchísimos millones lo que se destina a programas espaciales.
La duda surge porque en realidad no sabemos qué beneficios a la humanidad pueden reportar las misiones espaciales y menos un proyecto que puede ser el punto de partida para hacer habitables otros planetas, Marte en este caso. Si fuéramos suficientemente inteligentes y responsables, obtendríamos una herramienta para vidas más dignas y plenas, y para que cada quien tenga más oportunidades de lograr sus metas aquí, en la Tierra. Pero estamos viendo otra realidad. Es curioso que estemos analizando cómo lograr la “terraformación”, es decir, el proceso por el cual se puede modificar un planeta, luna u otro cuerpo celeste hasta conseguir unas condiciones más habitables de atmósfera, temperatura y ecología, cuando hasta ahora hemos demostrado que somos expertos en lograr todo lo contrario
Hace unos días, la directora de UNICEF España comentaba que “es increíble que podamos llegar a Marte en 2012 pero no seamos capaces de acabar con la muerte por diarrea o neumonía de millones de niños”.
“Cada día del año mueren en el mundo 26.000 niños de menos de cinco años por causas que se podrían evitar o prevenir, por enfermedades tan fácilmente combatibles como una simple diarrea (que mata a 8.300 niños al día), o curables como una neumonía o la malaria” según UNICEF. Mientras, en el África subsahariana fallecen la mitad de los niños antes de cumplir los cinco años”.
¿No sería más lógico priorizar la “terrarecuperación” es decir revertir todo el daño que irresponsablemente hemos causado a nuestro planeta donde de paso ya hay gente habitando?
La Tierra muere día tras día gracias a la mano del hombre. Y ahora resulta que nosotros pretendemos construir uno nuevo: Marte, sin ocuparnos de lo ocurre en casa.
No pretendemos afirmar que el paseíto de dos años de la Curiosity por Marte no tenga sentido. Los viajes al espacio nos han legado mucho más que el simple hecho de conocer y aprender. Pero no podemos soslayar que lo hacemos montados en ciencia y tecnologías deshumanizadas.
El proyecto iniciado por el Curiosity demoraría unos 1000 años en ser completado; crear agua, anhídrido carbónico y oxigeno, y lograr finalmente hacer habitable el plantea rojo…. ¿no sería más barato y sobre todo más urgente reacondicionar la Tierra y dejar a Marte para después? Porque si seguimos así ¿Quiénes van a pasear por Marte en el año 3000? ¿Tanto tiempo vamos a sobrevivir?.
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