La violencia en el cine y la televisión ¿son los responsables de tragedias como la matanza que se produjo en un cine de Estados Unidos?
No hace mucho comentábamos desde estas columnas que la violencia creciente en el mundo se origina en los factores ambientales, junto con las características propias de cada individuo.
Esto configura nuestras actitudes. Así pues, si al individuo, desde niño, se le enseña a ser generoso, a pensar en los demás, a comprender, a respetar, a ser más tolerante, desarrollará más actitudes positivas y le resultará imposible maltratar a los demás.
Habíamos dicho que el problema hoy sólo podrá ser frenado si se inicia una lucha sin tregua contra las causas de fondo que inciden en el clima de violencia, ya que de otro modo se seguirá permaneciendo en un ambiente donde cada día resulte más difícil y complicado vivir. Pero ¿es éste el fin que persigue la sociedad estadounidense?
Decimos esto a propósito de la tragedia que se produjo en Denver, Colorado, Estados Unidos, hace un par de días, cuando un joven de 24 años, armado hasta los dientes mató en un cine a 12 personas y dejó a más de 50 heridas en medio de un brutal ataque armado en una de las peores tragedias que registra ese país, donde hechos parecidos se han estado repitiendo en los últimos años en forma preocupante.
Esa noche se estrenaba "El caballero de la noche asciende", la última película de Batman, un filme en el que toda la trama está cargada de actos violentos.
Si bien no faltan investigadores convencidos de que el asesino intentó imitar al villano de Batman, y que la violencia desplegada en la televisión moldea actitudes antisociales, esta conclusión constituye un análisis muy simplista frente al verdadero problema.
¿Son el cine y la televisión los culpables? Quizás haya medios y vehículos por donde se transmiten las cosas, pero los antivalores que alimentan la violencia y la disgregación social, son parte de las enseñanzas sociales: las que se transmiten por los padres, los maestros, y todos los otros que influyen en los niños y jóvenes. Aquí es necesario profundizar el campo de observación a un contexto de desintegración social, de ruptura de los lazos sociales y las paradojas de una colectividad de recíproca individualización, que es reacia a la solidaridad.
Es en este modelo donde se produce la elección de antivalores como respuesta refleja o de revancha a los valores de una sociedad hipócrita. La concepción de las demás personas como enemigos y competidores, se convierte así en un semillero de violencias.
La concepción de la sociedad es la de una organización de individuos aislados, desconfiados de su vecino, competidores de sus pares y enemigos potenciales de todos. Es aquí donde el individualismo es mejor visto que la solidaridad. Donde los ganadores deben someter a los perdedores.
La diferenciación entre unos y otros es muy fuerte, casi podríamos decir que es uno de los motores sociales y económicos, ya que esto se traduce en competencia en todas las esferas de la sociedad.
El individualismo divide a la gente. Y las ambiciones materiales son el combustible necesario para mantener motivaciones que redunde en riqueza para las arcas de los ganadores.
En toda carrera hay un solo ganador, y los que establecen las reglas del juego para ganarlo, necesitan que los competidores crean en ellas.
Y entonces, si ese es el valor que enseña la sociedad, los jóvenes buscan destacarse de cualquier manera y cada vez más lo hacen a través de la violencia, que ya no forma parte del catálogo de hechos aislados y marginales, llevados adelante por personas enajenadas que no respetan los valores sociales, precisamente en un país donde las armas se pueden conseguir sin impedimentos.
Hoy la violencia es un valor social y el fenómeno ha comenzado a "globalizarse" en otros países. También en el nuestro.