Lorenzo Sartori · losartor@gmail.com

La oficina en la cama

Diario Jornada | Martes, 31 de Enero de 2012 : 00:12

Luego de muchos años de estar ocupado tras un escritorio, he llegado a la conclusión de que levantarse para ir a trabajar es una práctica errónea y que, si uno lo piensa bien, lo mejor es conservar la calma y quedarse en la cama.

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Actualmente sin un régimen de horarios que me obligue a hacerlo, entre el trajín de ir al trabajo y quedarme en la cama, he optado por esto último.

No estoy hablando de holgazanería, sino todo lo contrario: de trabajar.

Por supuesto que puedo hacerlo porque mi labor no requiere estar de pie. No creo factible, por ejemplo, que  un peluquero o un jugador de básquet logren el mismo resultado haciendo lo suyo en posición horizontal.

De todos modos lo mío no es fácil. Mi régimen de trabajo me provoca toda clase de censuras. Piensan que soy haragán, que rehúyo la realidad, que tengo depresión e incluso no falta quien me aconseje visitar a un psicoanalista… ¡Excelente idea! No sabemos si aún está vigente, pero hasta no hace mucho lo primero que te pedía el profesional era que te acostaras en un diván para liberar mejor tus pensamientos.

En fin, se requiere de coraje pero vale la pena y ahí me quedo hasta terminar algún trabajo. Luego vendrá el momento de pasarlo a la PC.

Una de las razones por las que permanezco empecinadamente en la cama durante toda la mañana es que soy un sujeto de temperamento totalmente opuesto al ocio y propenso a ceder muy fácilmente al natural impulso de saltar de la cama y correr para llegar a tiempo a una oficina para comenzar el día en condiciones que no son las más propicias para el proceso mental.

Por eso, ahora que puedo darme el lujo, a la hora en que me despierto, me obligo a iniciar lo que considero un verdadero trabajo y dedicarme a él, con aplicación, antes que malgastar mis energías en los movimientos inútiles, rutinarios, tradicionales de levantarme, vestirme, afeitarme, peinarme, etc. y salir corriendo hacia mi destino laboral o distraerme con la lectura de los e-mails que por lo general pueden esperar hasta la tarde.

Es que después de tantos años trabajando, sé que mi labor es mental, y que uno puede ejercitar con más eficacia sus facultades intelectuales en la cama que en cualquier otra parte.

Ahí no hay cinturones que aprieten ni medias que molesten ni tenemos porque sentirnos incómodos por la forma de la silla y tampoco preocuparnos que vamos  a hacer con los brazos y las piernas, ya que el trabajo se limita a la cabeza y todo el resto está sobrando.

¡Hay tanto para pensar! Y la cama es el único lugar donde podemos estar tranquilos dentro de nosotros mismos.

Además, creo que la posición horizontal favorece la libre circulación de las ideas, cosa que no ocurre cuando estamos sentados, ya que es entonces cuando la sangre tiende a descender a los miembros inferiores, generalmente poco útiles para pensar, con lo que dejamos a las neuronas mal provistas del oxígeno vital que las alimenta.

Otra ventaja de quedarse en la cama es que es el único sitio del mundo donde la gente suele dejarlo a uno en paz. El dormitorio es un lugar que las personas consideran territorio inviolable y, por lo general, no se meten ahí si no las invitan.

Además, puede suceder que crean que la persona normal que se queda en la cama casi toda la mañana está enferma e incluso que uno padezca de algún mal contagioso. Que lo crean  si quieren.

Por supuesto que el método no está garantizado. Habrá momentos en que sólo se nos ocurra, como a Serrat en aquella canción, que buscando inspiración terminemos pensando que al techo no le iría nada mal una mano de pintura. No todos los días son iguales.
Pero igual seguimos con el método que, por otra parte no es tan original. El escritor Mark Twain, sensatamente, no veía ninguna utilidad en levantarse de la cama para dar forma a sus novelas.

Se dice también que el filósofo Voltaire escribió la mayoría de sus páginas en la cama y que Disraeli ideó sus mejores discursos tendido en el suelo. Salvando las distancias, si ellos lo hacían….

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