Rodolfo Braceli | Columnista
El Gran Ganador, ¿quién fue?
22:16 | Tenemos tanto para aprender. Pregunta: ¿pero qué carajo esperamos para empezar? El reciente acto eleccionario mostró hasta qué punto esta sociedad tiene los candidatos que se merece.
Y hasta qué punto seguimos malgastando nuestra democracia. ¿Será porque no “la supimos conseguir”? ¿Será porque nos cayó en la mollera? El 28 de junio todo terminó en paz. Pese a los resultados, no hubo fin del mundo. La Vida continúa. La Vida nos tiene paciencia, es buena. De todas maneras imaginemos lo que aquí hubiera pasado si en la bendita provincia de Buenos Aires –poco menos de medio país–, el resultado hubiera sido con 2 puntos a favor del kirchnerismo. “Si no ganamos es porque hubo fraude”, amenazó el sonriente hombre del tatuaje. Su concepto hizo recordar al “Si el Congreso aprueba la 125 salimos otra vez a las rutas y paramos el país entero”. En otras palabras: si las cosas no salen como yo quiero, aquí arde Troya. (Mierda, si hay algo bien repartido, aparte de la corrupción, es la prepotencia.) Pero el caso es que las legislativas significaron una fuerte derrota para el oficialismo. Y mágicamente, en horas, se disipó un tema que hace meses venía fogoneándose: el fraude. Todo bien. No hubo fraude como vaticinaba con fruición la señora Carrió. Dicho sea: hubo dirigentes como Ricardo Alfonsín que no se plegaron a ese inquietante pronóstico. ¿Hasta cuándo seremos rehenes del miedo y de la extorsión? Ya que estamos, otra pregunta: cuando el Tribunal de la Haya, al cual acudimos, se expida sobre las pasteras en Uruguay, ¿qué haremos? Si se expide a favor, todo bien. ¿Y si se expide en contra? Ah, ¿seguiremos cortando los puentes? Madremía. Madretuya. Volvamos al asunto. Es innegable: el Gobierno entró en desesperación y la desesperación, pésima consejera, rompió bolsa. Se recurrió a las “candidaturas testimoniales”. Este recurso se aplicó muchas veces. Sin ir muy lejos Jorge Macri se presentó a diputado y vicegobernador en la provincia, en la elección anterior. Gabriela Michetti fue elegida para ser vicejefe cuatro años en la ciudad. Y muchos etcéteras. La novedad: esta vez las testimoniales fueron a cara descubierta. Pero recurso lamentable, lo use quien lo use. Otra vez se vio la gran mutación de las urnas. Otra vuelta de taba. A continuación vino un festival de diferentes lecturas de los resultados. Lecturas ingenuas, ofuscadas o directamente tramposas, desopilantes. Otra vez se habló del “voto castigo”. Evidente, lo hubo, para el gobierno central, corporizado en las listas por Kirchner y Scioli. Pero también para el gobierno de Macri. Michetti ganó con casi 15 puntos menos que en la anterior elección. Si la campaña hubiese durado un par de semanas más, ¿Pino la alcanzaba con una inversión de publicidad de dos mangos? Hubo cosas saludables: lo de Solanas en capital y lo del joven Sabbatella en provincia. Ni uno ni otro dependieron de Tinelli. A esta sociedad que, aleccionada por tantos medios de des-comunicación vivió la desguerra de Malvinas como si fuera un Mundial, a esta sociedad le encanta apostar deportivamente. Y ya está apostando –al compás de los opinólogos autodenominados independientes– por los candidatos que estarían en la grilla del 2011. Es increíble, patético, que con los problemas de coyuntura y los problemas extremos de un sistema mundial que estalló como lo que era, una burbuja y que se está cobrando millones de desocupados, es increíble que no paremos, todos, la máquina de pelotudear. Hay tanto que hacer, pero taaaanto. ¿Cómo es posible que sigamos jugando al balero con una granada? ¿Hasta cuándo vamos a descansar en la comodidad de acusar por lo que hace y no hace la gobierno que juzgamos fracasado? ¿Y las propuestas? ¿Y el debate de los temas centrales? ¿Será posible que sigamos atendiendo a candidatos-monicacos que lo único que hacen es simular risas y caritas en afiches y spots publicitarios? ¿Cuánto falta para que aprendamos que todos somos “clase dirigente”? ¿Que se gobierna desde el gobierno y desde la oposición y desde la participación ciudadana? Dicho sea: ¿nos damos cuenta que nuestra participación se reduce a cacerolear cuando algo afecta el corazón de nuestro bolsillo, a prendernos del perverso pasatiempo de las encuestas, a aumentar el rating de programas en los que tantas veces se denigra la política? Más allá de las saludables diversas interpretaciones y de las rastreras especulaciones, estas elecciones confirmaron: hace rato que aquí nadie tiene las urnas atadas. No es una mala noticia. Ahora bien: ¿quién fue el “Gran Ganador”? Me inclino por un muchacho que no tiene toda culpa de la banalización patria. El Gran Ganador de estas elecciones ha sido, por lejos, Tinelli. Pero no caigamos en la comodidad de culparlo a Tinelli. Ver al bello De Narváez compartir hasta el acto de votar con su notable imitador y ver al lúcido y trabajador Macri bailar como mameluco invertebrado, produce un poquito de vergüenza ajena, pena, pánico a futuro. Si esta, la de estos monicacos de abundante billetera, es la nueva política, madremía, madretuya ¡socorro! Pero ojo al piojo: este “socorro” no quiere significar “que se vayan todos”. Y mucho menos “que vengan a salvarnos los milicos”. Ya nos salvaron bastante. Posdata: Se contribuye a la frivolidad desde los medios, sin asco. Por ahora tenemos los candidatos que, hablando en general, nos merecemos. Otro ojo al piojo: no le echemos la culpa a la democracia. La democracia siempre nos espeja. Siempre. Reflexionate / reflexioname. Rascate / rascame. (Pero no todo está perdido. Y nunca es tarde para despertarse. No hay que terminar con la política, hay que empezar con la política.)
|
Mendoza
Deporte
Deporte
Deporte
Deporte
|