Argentina · Juicios por la dictadura

Confirman que los detenidos en la dictadura firmaban una liberación, pero los desaparecían

Diario Jornada | Sabado, 15 de Setiembre de 2012 : 10:43

La esposa de un detenido y desaparecido en Jujuy, confirmó ante el Tribunal Oral Federal de esa provincia que obligaban a los presos a firmar una supuesta liberación, cuando en realidad los desaparecían.

Jorgelina Díaz, esposa de Narciso Santibañez, detenido el 13 de abril de 1977 y desaparecido el 3 de julio del mismo año tras pasar por la central de la policía jujeña y el penal del Barrio Gorriti, confirmó ante el Tribunal Oral Federal de Jujuy que obligaban a los presos a firmar una supuesta liberación cuando en realidad los desaparecían.

"Allí me muestran un papelito que decía que mi marido estaba en libertad con su firma, pero no retornó nunca a casa. A veces cuando miro televisión en la que hay mucha gente creo que voy a verlo", expresó la mujer ante el tribunal que enjuicia casos de crímenes de lesa humanidad cometidos en Jujuy.

La testigo recordó que vio por última vez a su esposo el 13 de abril de 1977: "Esa noche lo llamaron desde Libertador, donde trabajaba como policía porque me dijo que se había desbordado el río San Lorenzo. Al despedirse me dijo `negrita no quiero ningún error´. Nunca supe por qué me lo dijo", relató.

Jorgelina y Narciso tenían dos hijos mellizos que habían nacido el 15 de febrero de ese año y vivían en San Pedro de Jujuy.

Cuando ella fue a preguntar por su marido a la seccional de Libertador, le dijeron que estaba "incomunicado" en la central de Policía y de esa manera inició un doloroso peregrinar para encontrar y ver a su marido.

Pero nunca pudo hacerlo, pese a haber hablado con el oficial Ernesto Jaig, enlace policial con el Ejército en el Area 323, al mando del coronel Néstor Bulacios.

Cuando se enteró del traslado de su marido a la cárcel de Jujuy, Jorgelina intentó verlo junto a una hermana de Narciso.

Recordó que al llegar a la unidad carcelaria, desnudaron a sus dos hijos, le ordenaron desvestirse y la manosearon para luego comunicarle que no podía ingresar porque "no tenía una orden para pasar".

Tras sucesivos intentos de conseguir un permiso para visitar a su marido, el 3 de julio de 1977 la convocaron al Grupo de Artillería de Montaña 5 (GAM5).

Allí recibió amenazas para que se "dejara de joder" porque a ella le "iba a pasar lo mismo" que su marido.

Identificó a la persona que daba los permisos como el represor José Eduardo Bulgheroni, también involucrado en otras causas.

Recordó que un vecino amigo que estaba en la cárcel por otros motivos lo vio a Narciso con las uñas levantadas y los dedos pudriéndose. `Me picanean todos los días` le comentó, luego de verlo a "Chichi", su apodo, tirado en el piso en una celda mientras limpiaba restos de sangre.

El 24 de marzo de este año, relató, Juan Bosco Mecchi fue la primera persona que confirmó que estuvo con él.

"No hay un lugar donde ir a ponerle una flor" se lamentó la mujer frente a los jueces.

Por su parte Antonia Flores, cuñada del detenido desaparecido Santos Rosa Mamaní, ya había declarado que también en este caso, cuando fueron a la jefatura del Area 323 le entregaron un papel donde decía que había salido en libertad.

Otro testimonio en la audiencia fue el de Patricio Vidal Lazarte, detenido desde el 3 de enero de 1977 por 18 meses, pasando por una comisaría de San Pedro donde lo torturaron y le hicieron simulacro de fusilamiento, para trasladarlo luego al Penal jujeño.

Lazarte dijo que todo comenzó cuando el padre de su esposa y un hermano, que no admitían la relación, fueron en la noche de Navidad a su casa familiar en San Pedro, agrediendo a los presentes.

Él, fuera de sí fue a la casa de su suegro y la apedreó.

Al tercer día, estando en la casa de su hermana en La Esperanza, llegó un capitán intendente de San Pedro con vehículos y ametralladoras y lo llevaron a la comisaria novena, donde lo torturaron y trasladaron a Jujuy.

Lazarte fue liberado junto con dos hermanos paraguayos, estudiantes, de apellido Sanabria, con un dirigente sindical de apellido Vega, mientras que Santos Rosa Mamani, que había ido a retirar los documentos de la jefatura del Area 323, quedó allí y fue desaparecido.

Télam.-

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